Catamarca, Catamarca...
Cómo puedo pronunciar tu nombre
sin ahogarme.
Cómo puedo mirarte desde lejos
y escucharte
en el canto del gallo en madrugadas
y en el tañir de campanas que en las torres
son vigías celosas de tu valle.
Catamarca, Catamarca...
Entre el abrazo azul de tus montañas
y tu aura perfumada por azahares,
va mi nostalgia despaciosa recorriendo
cada instante de mi vida. Cada instante.
Hace tanto me he alejado de tus brazos
procurando conseguir lo que era esquivo.
Sólo pan y trabajo, que es sustento,
de los seres que honraron su destino.
Hoy el tiempo presuroso, sin escalas,
me atropella hasta extenuarme en sus afanes.
Sólo puedo evocarte a la distancia
y nutrirme en el recuerdo de tus valles.
Aún espero en lo recóndito de mi alma
algún día poder volver a contemplarte
y sentir que nada puede separarnos.
Que hay un lugar para tus hijos, Catamarca.
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