LA LUNA
Te estoy mirando, luna,
y tú también me miras.
Cuántos ojos confluyen
en este mismo instante
sobre tu rostro añejo,
testimonio de siglos
de amores y de llantos.
Ojos enamorados,
manos entrelazadas,
o húmedos ojos tristes
de novia abandonada.
Frescura e inocencia
la mirada del niño
que en su cuna de juncos
con juguetes y mimos
te regala sonrisas
por ser su preferida.
Hasta en el monte umbrío
hay ojos que te admiran.
Aullan su alegría
al saber que los miras.
En cincuenta años,digo,
-tal vez no llegue a tantos-,
la insensatez del hombre
de codicia ignorante,
profanará tu esencia
cubriendo de hojalata
tu redonde semblante.
Depredarán tu cuerpo,
extinguirán tu magia.
Ya no habrá enamorados
confiando sus anhelos.
Los caminos del monte
se cubrirán de sombras.
No volverá la novia
a sollozar su pena,
ni el inocente niño
a jugar con tu esfera.
Cuál será desde entonces
la tenue luz del cielo
que ofrendaba su gracia
enamorando estrellas ?
Quizá no llegue el tiempo
de perder la mirada.
Y enfermos de nostalgia
clausuremos los ojos
por las noches negadas.
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