miércoles, 1 de julio de 2009

CUENTOS DEL ABUELO BERNABE

Mi abuelo paterno vivía en las cumbres del Gracián,formación montañosa que se desprende de la cadena del Ancasti,al noreste del valle central,en el Dpto Paclín.
Allí ocupaba con su mujer y tres hijos,un rancho de adobes y paja,en medio de la nada,pues en esas cumbres la soledad es la única compañía.
Era capataz, cuidador de hacienda ajena,a la que debía vigilar,más del hombre que del "daño",como le dicen en el campo a los pumas,zorros,comadrejas, hambrientos o cebados.Digo hambrientos,porque en época invernal suele escasear la carne de caza.Y cebados,por que hay algunos bichos que se procuran alimento sin mayor esfuerzo,merodeando rodeos.
Los fines de semana,pretextando comprar provisiones, mi abuelo,guitarrero y cantor,bajaba hasta Palo Labrado ,pequeño poblado situado en los faldeos del cerro.
El almacén de ramos generales-con boliche incluído-,era lugar obligado de reunión-Y él lucía sus dotes de cantor y payador inspirado.Y seguramente también,de buen bebedor.
Tal era el éxito de sus incursiones artísticas,que solía volver al rancho al cabo de varios días,con las alforjas vacías"por falta de tiempo".
En mi niñez esperaba ansiosa la llegada del abuelo,cuentacuentero como ninguno,Mi preferida era la historia de doña Ermenegilda,viuda sin hijos o con hijos lejos,que vivía en un ranchito en medio del monte de Palo Labrado.
Tenía fama de bruja,por que se le había borrado la senda que lleva a su rancho"por falta de uso",ya que decían,"salía volando."
Con semejante referencia,nadie osaba visitarla.
Lo cierto es que la mayoría de los hombres que iban al pueblo,evitaban quedarse hasta el anochecer,no sea que se le cruce el "atajacaminos" y le robe las alforjas con provisiones.
Muchos testimonian los hechos y,haciéndose cruces sobre la boca,juraban y rejuraban decir verdad.
Nunca falta un corajudo que descrea de estos dichos y procure terminar con la leyenda,a punta de facón.
Así fue que apareció Don Goyo,hábil con el acero y famoso por desollar vivos a los pumas que importunaban sus rebaños.Esperó la oscuridad en el boliche pueblerino,simulando beber aguardiente anisada,manteniendo lúcida la mente y ágil su brazo zurdo.
Alrededor de la medianoche emprendió el regreso en su mula parda,bien cargada las alforjas con provisiones que le había encargado "la patrona".
Aproximándose al cruce del arroyo seco,donde el monte es más espeso,palpó su facón cruz bien ajustado en la cintura.Alentando a la mula que comenzó a consquillear,le clavó los talones en las verijas,haciéndola dar un salto e iniciar trote ligero.
Se ajustó el sombrero,levantándole levemente el ala para ver mejor,y ahí distinguió,en la penumbra del cielo de luna nueva,la sombra silenciosa de un pájaro enorme,enfilando derechito hacia él.
La mula también lo vió,y dando un resoplido gutural se encabritó,levantando las patas delanteras que por poco lo desmonta,con el consiguiente riesgo del revolcón.
Pero hombre prevenido el Goyo,siguió pegado como abrojo al apero,y con rápido reflejo desenvainó su facón,en el mismo instante que el pájaro se avalanzaba graznando como pato o como buitre en procura de la presa.Le alcanzó a herir,por el grito desgarrador,casi humano, del bicharraco que se alejó aleteando con dificultad.
"Fue como cortar aire espeso con el filo del acero",diría el Goyo después,ya repuesto del susto,mientras le comentaba a su mujer el episodio,y le entregaba la carga intacta.
-Es mejor que no coma-,le dijo ella. Le daré un té de yuyos y a dormir.
Al día siguiente no pudo ensillar la mula que amaneció muy enferma,con las patas temblorosas y los belfos mocosos.
La estaba sahumando con ruda macho y azúcar,cuando le llegó la noticia que a doña Ermenegilda la habían encontrado malherida cerca del arroyo seco,cuando al parecer buscando leña se desbarrancó por las piedras,con tanta mala suerte que casi se le seccionó un brazo.
Octbre-2008.-

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