lunes, 27 de julio de 2009

ALCANZAR LA CIMA

Avanzábamos a tientas,con la intuición de la necesidad latiendo en cada célula.
Lenta y esforzada marcha; silenciosa como la oscuridad que nos envolvía.
Sólo una tenue estela luminosa, con languidez de batería exhausta,marcaba el inicio del zigzagueante cuerpo oscuro,desplazándose. Los oídos abiertos,alertando.
La senda angosta gime al despedir el pedrisco desprendido por los pasos que la usurpan en plena madrugada. Y allá abajo se escuchan sus lamentos, que estremecen el pliegue profundo de la quebrada.
No queremos imitarlos. Aferrados al pajonal o a un rústico cayado,avanzamos jadeando hacia la cima.
Una voz dá el alerta : es hora de la pausa. Cesa el rítmico golpeteo del pie sobre la roca.
Se liberan sensaciones con risas y palabras; hay rudas elocuencias que reprochan la osadía.
El murallón oscuro que se erige enfrentándonos,va cediendo paso a un leve resplandor.
Quedan pocas reservas de oxígeno en este último tramo,por el aire enrarecido.
Arrancamos la paja brava,precavidos para que no nos lacere,y ávidos aspiramos con fuerza sus raíces entierradas. El mito se confirma una vez más. Con los pulmones liberados,avanzamos confiados hacia la meta.
Nada es igual ni parecido.No hay fotografías ni lenguaje que puedan transmitir esas imágenes. Hay una sola respuesta a la pregunta : vivir la experiencia.
Presenciar el parto de la noche liberando al día en las cumbres del Cerro Colorado,me ha hechizado el alma.
Y aunque nunca volví con mi estructura,de vez en cuando me llega en solitario,el aroma del cedrón y del poleo en la quebrada; de la raiz de la paja brava en el jadeo; de los tímidos gorjeos de zorzales,reinamoras y calandrias que,igual que yo,se extasiaban venerando aquel portento.


Cerro Colorado: puesto situado en la cumbre de la cadena montañosa del Ambato,Catamarca.

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