sábado, 20 de junio de 2009

NARANJO

En las siestas largas
de olvidado pueblo,
los perros y los viejos
descabezan sueños.


Los niños se escapan
rumbeando a la plaza.
no hay mejor combate
que el de las naranjas.

Esquivando espinas
ágiles se trepan
y arrancan los frutos
dorados, sin queja.

Hay risas y gritos;
aplausos y fiesta,
y húmedos despojos
sobre la vereda.

Los niños felices.
El combate cesa.
Regresan a casa.
Se acabó la fiesta.

. . . . .

Qué triste el destino
del naranjo amargo,
que en la plaza grande
se quedó llorando.

2008.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario