jueves, 25 de junio de 2009

LAGRIMAS DE HOMBRE

El silencio aturde y el calor oprime.El sol es un resplandor rojizo,despidiéndose.El canto de los pájaros está espectante,para no interrumpir el instante,casi místico,que los envuelve.
El hombre toma el pañuelo con ambas manos y lo acerca tembloroso,en un gesto de amor,cubriendo la tibia y húmeda presencia que le ofrece la vida.
Hay lágrimas deslizándose por su rostro curtido por soles y pamperos.
Con paso firme cruza el umbral y erguido en el patio de tierra apisonada,levanta los brazos hacia el poniente,ofreciendo su preciada carga al último brillo de la tarde,que los impregna a ambos,padre e hijo,con sus resplandores de fuego.Y hay un llanto de dolor y vida nueva,desgarrando el silencio.
Los pájaros irrumpen con aleteos y trinos.Despiden el día y reciben alborozados el testimonio que espantará para siempre la soledad y la rutina.
Juan Gómez y María Paz ya son familia.
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Juan Gómez se hizo viejo tempranamente.El trabajo de arreos y labranzas le minó la vida y casi ciego,intentó subsistir poniendo en venta la tierra heredada,quedando sólo con el rancho.
Su mujer y el hijo mozo decidieron partir.Había promesas de empleo en un barco extranjero que amarró en la bahía.Ella cocinera y el hijo ayudante general.
Juan Gómez no se opuso al mandato del destino.El no podía mantenerlos ni seguirlos.Abrió el corazón y las manos y los dejó partir.
La sirena del barco anuncia a la distancia,la hora de zarpar.Juan no la escucha,ahogado en la nostalgia.
En el horizonte, el sol se desangra en su despedida.Se lleva a María y a su hijo." Parece
que que fue ayer ",dice el hombre ,secándose las lágrimas con el dorso de la mano."Hora maldita", murmura."Hace veinte años me dió y hoy me quita".
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Juan vuelve seguido al muelle y se queda sentado,mirando el horizonte azul salobre que le llevó su corazón.
El ya no vive.Sólo permanece.
Dicen que entre el vapor y la niebla,algunas noches aún pueden verlo.

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