domingo, 21 de junio de 2009

LA NEGRA(recuerdos de infancia)

Cuando yo nací,mis padres ya tenían una hija de tres años,Rosita.Era sietemesina,de modo que creció frágil y delgadita.Tenía los cabellos castaño claro y los ojos agrisados por herencia materna.
Llegué con mis enrulados cabellos oscuros,casi negros,igual que el color de mis ojos .Y fuí "la Negra" para toda la familia,parientes,amigos y conocidos.O casi todos,pues aunque mi tez era clara,todos me conocían por el sobrenombre y sólo unos vecinos me llamaban "Muñeca", quizá por los rulos en tirabuzón y los ojos redondos.
La Negra creció y se ganó fama de rebelde y "contestona".Dicen que discutía y cuestionaba cualquier orden,por lo que apostaban que sería abogada.
Eran permanentes las comparaciones con mi hermanita tan dócil,calladita y obediente.Mamá nos vestía con ropas idénticas,que confeccionaba y bordaba de forma primorosa.
La gente nos llamaba "mellizas".
Ya crecidita,quise averiguar por qué vestíamos de ese modo tan pecualiar,a lo que mamá contestó que era para evitar problemas y cuestionamientos de mi parte,siempre dispuesta a valorar mejor las cosas de mi hermana.La verdad,no recuerdo haber planteado jamás esa situación y opté por permanecer callada.
Ahora pienso que se trataba de preservar la economía familiar vistiéndonos con una misma pieza de tela.
Los días de infancia transcurrían- antes de la edad escolar-,entre travesuras ,rondas,manchas y escondidas por la tardecita,con vecinitos en la vereda.Eramos una pequeña e inseparable comunidad.
Al cumplir los seis años,comenzaron los preparativos para asistir a primer grado.No tenía experiencia previa,porque mi madre había considerado innecesaria mi concurrencia al Jardín de Infantes."Sólo van a jugar y a comer,sin estudiar nada",decía.
Mi ansiedad por las nuevas actividades se atemperaba al saber que mi compañera de juegos en la vereda, sería compañera de grado.
Ya en la escuela,compartíamos el mismo banco.Era el primero de la hilera cercana a la puerta.Pero fue por muy corto tiempo,ya que la amistad con el estudio a veces son incompatibles.En vez de atender la clase,nos pasábamos charlando y muchas veces, disputándonos los lápices de colores con gran alboroto.
Pasé a compartir banco en una fila en medio del aula,con una niña algo extraña,callada y solitaria en clases y recreos.
Recuerdo como si fuera hoy el portafolio que ella tenía.Era de cuero marrón con dos bolsillos externos y un olor insoportable(a cuero,por supuesto).
Luego del brusco cambio de lugar, sobrevino lo peor.La maestra comenzó a registrar nuestra asistencia.Cuaderno en mano,pasaba lista nombrándonos con apellido y nombre.Debíamos ponernos de pie y levantando el brazo derecho,decir "presente señorita".
Todas mis compañera pudieron cumplir el ritual menos yo,por que nunca me nombraron.
Habiendo transcurrido un par de días,la maestra se acercó a preguntarme el nombre,por
que observó que nunca había respondido .No sé qué contesté en ese momento,pero sí evoco la extraña e inexplicable sensación que me invadía,cuando al día siguiente,mirándome fijamente esperaba mi respuesta al pronunciar mi nombre, que yo escuchaba por primera vez.
Confundida me puse de pie para responder "presente señorita" .Por que ese día aprendía la primera y más inesperada lección.Conocía mi nombre de pila.
No era la Negra.Era la Silvia.

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