El niño descubre
el encanto del agua
y ésta lo seduce
quedándose mansa.
Su pequeño puño
sumerge y atrapa
racimos de gotas
que pronto se escapan.
La mano vacía
mira y no comprende
dónde están las perlas
que robó la arena.
Con furia inocente
palmotea a la esquiva
y ésta,alegremente,
su rostro salpica.
El niño gozoso
y el agua se amigan.
Sus perlas le besan
la frágil mejilla.
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