Si pudiese atrapar entre mis manos
chispa del fuego de Miguel o de Leonardo,
pintaría un autorretrato y luciría
en el lugar más importante de la casa.
Será como un espejo congelado
donde podré mirarme sin quebranto.
Pero no. No he podido, y mi figura
reflejada en el espejo de la vida,
me recuerda indiferente,cada día,
que los años van pasando con premura.
Mis ojos, tan redondos ,tan oscuros,
son espejos que se impregnan del paisaje;
del color de las flores y del cielo,
y atesora las sonrisas que me han dado.
Es mi boca la que marca el desafío
de callar o de decir lo necesario.
El volcán que se alimenta con mis sueños,
en mi pecho muchas veces, ha estallado.
Son mis manos herramientas delicadas,
que en la vida van sembrando la semilla.
Tierra fértil, tierra virgen las recibe,
y es el don del ser docente, preservado.
De mis pies puedo decir cosas sencillas:
transitaron sin cansancio los senderos,
superando las espinas y las piedras
que en su marcha como abrojos florecieron.
Hoy la vida me apacigua paso a paso,
pero el fuego del volcán sigue encendido.
Es mi cuerpo y es mi mente la que busca
se transmute tanto fuego en desafío.
/ 2008
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